jueves, 10 de mayo de 2012

Los re-vengadores


CAPÍTULO UNO: EL JUICIO DE LOKI.


El mal había cesado, hace tiempo.

Las cosas, iban bien. Tan bien que volvieron a su rutina común. Loki había cesado de sus maldades, los Vengadores habían cumplido con su cometido y la Tierra volvió a su normalidad. A pesar de tener que gastarse millones de dólares en reparaciones que sus mismos salvadores habían causado, claro, y de gracias a ello crear una crisis mundial, pero todo iba bien.

En Asgard, las cosas sin embargo, parecen removerse con inseguridad.

Loki, el oscuro, sufre un juicio por crear el caos en el universo, en el que se decidirá su destino, como Dios, como hombre, y como participante en un Casting para fijadores de pelo.

- Preside la sala, su señoría el gran Thor, Dios del trueno.
- Paso, paso... paso, señoritas, dejen paso. Sí, se que es digno de admirar, y lo mantengo con esfuerzo día a día, pero tengo que presidir un juicio, mi cabello requiere sacrificios, paso.

Con gran pesar, Thor subido a su trono mira con dolor a su hermano frente a él.

- Realmente, no se qué hacer contigo, hermano.
- Puedo darte ideas si quieres – comentó, sagaz, Loki – Puedes dejarme el trono a mi, nombrarme ganador del premio Panten y geles fijadores Yioryi, y después dejarme libre. ¿Qué te parece?
- Silencia, pícara serpiente - elevó su brazo don desdén - No caeré fácilmente en tus sucias y complicadísimas tretas. No otra vez. El premio me pertenece.

Thor se tapó los oídos con rapidez, sabiendo que su hermano tenía un gran poder de incitación y una maldad intrínsecas capaces de engañar al mismísimo Odín. Pronto, toda la sala pudo escuchar los pequeños ruidos de “la la la” que Thor hacía. Tiempo después, en una rueda de prensa, admitiría que aquello lo hizo porque “Es un antiguo rito sagrado que los humanos no podríais comprender”. Nunca sabremos bien lo que pretendería hacer, con certeza.
- Padre dice que debo encerrarte para que no vuelvas a hacer lo mismo otra vez, pero yo creo que tengo un castigo mejor para ti.
- Cómo no, desobedeciendo órdenes de Padre.
- ¿Cómo has dicho?
- Que desobedec...
- La-la-la-la... no te oigo Loki – de nuevo se tapa los oídos con desdén.
- Niñato...
- ¡COMO DECÍA! – Sin apartar las manos de sus oídos, prosiguió, pero a un volumen exacerbado debido a su sordera momentánea – TENGO UN CASTIGO MUCHO MEJOR, QUE TE SONARÁ DE ALGO.
- Sorpréndeme, lumbreras.
- ¡Silencia! - Se apartó las manos para apuntarle con el dedo - Bien... Serás desterrado al reino de la Tierra, donde vivirás entre los humanos como si fueses uno más de ellos. Sin poderes, sin comida y sin agua, te dejaremos en una isla desierta donde semanalmente tendrás que acudir a una cabaña para contar cómo es tu experiencia y también para votar a qué compañero tuyo expulsar de la isla.
- … ¿De qué narices estás hablando?
- ¡Silencia he dicho! A la isla no irás solo. Te acompañará el grupo de Vengadores, unido a un par de extras más, como pago por la destrucción causada al planeta. Stark se negó a pagar los daños, aun teniendo su increíble fortuna, y como tal debemos devolverla de la forma que se nos exige, con un... un... programa de visión.
- ¿Un programa de televisión?
- ¡Silen-! Si, puede que sea eso.
- ¿Me destierras para hacer un programa de televisión?
- Si, me parece un castigo correcto, y no tienes derecho a quejarte.
- No, si no me voy a quej...
- ¡Sil- ! Vale, me parece bien. Partiremos mañana, al alba.

Y así, el juicio dio a su fin.


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Comentarios de autor:

Ésta es una nueva historia que he decidido llevar a cabo. La idea inicial, era hacerle un regalo a mi querido novio por su 22 cumpleaños, pero puestos a ello, os dejo la historia por aquí, que espero guste. ¡Que lo disfrutéis, los que lo aguantéis!

viernes, 16 de marzo de 2012

“Buenos días, señor Xylt” (III)

Mirror of Soul by ~rypser17


“Buenos días, señor Xylt”

-
¡Buenos días! - contestó Xylt, animado.


Aquella voz amiga, aquella compañera, ya se había convertido en parte de él mismo, y como tal debía corresponderla.

En sólo dos días, había aprendido tanto pero comprendido tan poco, que la emoción contenida de saber más podía con él.

“Póngase en pie, y pulse el botón naranja que encontrará a su izquierda. Si ha olvidado como pulsar, recuerde: Extienda su dedo índice, y con él, toque el botón.”

El señor Xylt se incorporó con eficacia, pues ya había aprendido a controlar los movimientos de sus piernas con mediana fluidez, y giró sus ojos hasta el supuesto botón. Y allí estaba, brillante, notorio y... ¿Naranja? ¿Así había dicho que se llamaba? ¿Pero a qué se refería con “Naranja?”

Con detenimiento, levantó la mano derecha, y extendió el dedo índice apuntando hacia el botón. Tuvo cuidado, mucho cuidado, y al fin... Lo pulsó.

Al pulsar el botón, la pared se movió. Asustado, Xylt saltó hacia atrás y se tapó el rostro con las manos, mientras el botón hacía su trabajo.

La pared giraba, o eso parecía, y al poco tiempo dejó de hacerlo.

Xylt se apartó las manos de la cara cuando, pasados unos minutos, sintió que nada le dolía.


“No tema nada, señor Xylt, está usted a salvo. Mire al frente.”

Y miró al frente.

Sin saber qué era, se enfrentó a su propio reflejo en un espejo luminoso, que le miraba con fijeza.

- Oh, tú debes ser Naranja. Encantado de conocerte, amigo.

Con educación sonrió, y comprobó que el señor Naranja hacía lo mismo que él. ¡Qué amable era! ¿Sería su nuevo compañero? Fuera como fuese, le parecía alguien agradable.

Permaneció en el lugar, esperando que Naranja entablase conversación con él, pero no lo hacía. Alzó una ceja, extrañado, y comprobó con sorpresa como él también lo hacía. ¿Acaso pensaban lo mismo? Tal vez no pudiese escucharle, quizá... Tal vez...

Decidió probar algo. Pensó rápidamente en un número. El tres.

Alzó su mano lentamente en forma de puño, y, de golpe, alzó tres dedos.

El señor Xylt, asombrado pudo ver como el señor Naranja alzaba tres dedos exactos a los suyos, y al mismo tiempo.

Se asombró, se asombró tanto que abrió la boca, y pudo ver como Naranja también lo hacía. Movió una pierna, mientras él le imitaba. Giró rápido su cuello, y él también lo hizo.

El señor Xylt, se asustó, y por tanto comenzó a caminar hacia atrás, apartándose del peligro. El señor Naranja, también lo hizo. Y se asustó aún más.

“No se preocupe, señor Xylt, está usted a salvo. Relájese.”


Un pinchazo notó el señor Xylt en su cuello, y se retorció veloz del dolor.

Miró al señor Naranja una vez más, que ante él, caía al suelo lentamente entre las sombras... Tal y como él lo hacía.

martes, 13 de marzo de 2012

Porque lo mereces.

Y la magia, un día acabó.

El cielo se tornó gris, cuando mediante palabras quedamos separados. Tan juntos, el uno parte del otro, las manos unidas... Y de repente tan lejos, solo por tres palabras intercambiadas.
En menos de cinco segundos, éramos un par de desconocidos que se encontraban incómodos al lado del otro.
En menos de diez segundos, nuestras manos se separaron, y sentí como si el hielo me quemase, y mi alma pidiese a gritos que aferrase sus dedos de nuevo entre los míos.
En menos de veinte segundos, mi corazón se estaba partiendo con tanta fuerza que me inclinaba sobre mí misma, buscando un punto de apoyo que no existía. ¿Por qué nunca había sentido tener algo ahí, tan dentro?
En menos de treinta segundos, ya de puro silencio, descubrí que el increíble dolor que me acordonaba el estómago se convertía en lágrimas que caían por mis mejillas, silenciosas. Y esa fue mi forma de decirlo todo antes de verle por última vez, como lo que un día fue.

Los días pasaron, y pasaron... Y pasaron. El dormir cada noche se hacía prácticamente imposible, pero al conseguirlo la paz te abrazaba durante un par de segundos, para luego amenazarte con una nueva pesadilla, privándote de la nueva escasa felicidad que tenías.
El despertar cada mañana era un infierno, pues lo primero que tu cuerpo reclamaba era girarse hacia un lado, el de siempre, y abrazarle por la cintura. Qué triste el abrazar a la nada, una vez más.
Y el caminar de cada momento, arrastrando los pies, sin rumbo fijo.
Servirse la leche del desayuno era algo mecánico y horrible, que hacía sin ningún objetivo, para después dejar el vaso sobre la mesa, entero, y marcharme a la ducha, donde las horas pasaban mucho más lentas.

El único descanso que encontraba estaba allí dentro, entre los ríos de agua que escondían mis lágrimas, donde podía casi gritar a pulmón vivo sin que nadie me dijese nada. Mis rodillas tocaban el frío y húmedo suelo mientras dejaba que cuerpo entero se empapase, daba igual si el agua estaba fría o caliente, pero siempre tenía que estar o muy fría, o muy caliente. Que doliese.

Al salir, deseaba ser otra persona. Deseaba transformarme, ser una piedra, una montaña, no sentir nada.

Los recuerdos cada vez que parecían marcharse, volvían con mucha más fuerza que antes. Cuando al fin creía que todo había pasado, llegaba uno de esos días en los que todo parece renacer, y duele como nunca. Perdí la cuenta de los días que me quedaba en la cama agazapada, ignorando toda realidad, en el gris de mi vida.

Y a pesar de todo, no me arrepentía como debería haberlo hecho, pues sabía que era lo correcto.

Poco a poco mi alma parecía haberlo entendido, y decidió despertar, rehacerse de nuevo.

Despacio, sin prisa, encontré que en mi corazón quedaban algo más que escombros escondidos, y decidí indagar en él.

Una luz pareció asomar en mi interior cuando asomaron los rostros de aquellos que no habían desaparecido de mi lado. Aquellos a quienes, durante unos meses, mi mente había olvidado... Y sus risas me hicieron despertar. Sus risas me hicieron revivir, lentamente. Mi propia risa.

Puede que mi corazón estuviese quebrado, y que a día de hoy aún llore de vez en cuando, pero es en esos momentos, que cuando al fin desahogo mi alma, puedo sonreír por lo que tengo... Y por lo que tuve.

Al fin y al cabo, el pasado es lo que me conforma, y aunque la tristeza se haga conmigo, puede más la felicidad de recordar los buenos momentos e intentar borrar para siempre los malos. Ahora, puedo mirar su cara y sonreír. Ahora, puedo echarle de menos, no por lo que fue... sino por lo que fui yo a su lado. Por cómo me sentía en mí misma, que es lo único que no volverá.

Ahora, me recuerdo a mí misma:

De lo único que huyes, es de ti mismo. Abrázate, y descansa de una vez... porque lo mereces.

Para la Vic que un día fue, y que espero pueda regresar, aún sabiendo que ya no la espero.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

"Buenos días, señor Xylt" (II)


“Buenos días, señor Xylt”

La voz, le es familiar al sujeto. Es la misma que le había dado la bienvenida a aquel extraño lugar, ese al que habían llamado “Mundo” días atrás.

Sintió algo al escucharla, una mezcla entre reconocimiento, felicidad y simple curiosidad, que no supo descifrar. Ni siquiera sabía qué eran los sentimientos. Se llevó una mano al pecho y la cerró con fuerza, intentando agarrarlos entre sus dedos ¡Ojalá no fuesen tan difíciles de contener!

“Póngase en pie, y atraviese la puerta que frente a usted. Si ha olvidado cómo caminar, recuerde:
 primero un pie, después el otro”

Dió las gracias a aquel simple recordatorio, y, como iluminado, se puso en pie y caminó hacia la puerta, por la que una leve luz entraba a través de una rendija abierta.

- Tú de nuevo... - Susurró al pequeño rayo, oportuno.

Sabía que sería molesto, pero atravesó la puerta poco a poco, intentando acostumbrarse al dolor, con una mano sobre su rostro.
Al fin, lo consiguió, y pudo ver lo que a través de la puerta había. No era la sala de la que había venido, aquellos días atrás que apareciese en el Mundo.

“No tema nada señor Xylt, está usted a salvo. Camine hacia el frente”

El señor Xylt, algo cohibido, caminó hacia su frente y entró por completo en la sala. La puerta, se cerró tras él.

La sala, era más bien un pasillo: uno lleno de puertas. Al menos una veintena, a cada lado, paralelas entre sí. Las paredes eran blancas como la nieve (¿Nieve? ¿Conocía esa palabra?) y sólo los pomos de las puertas negros, con éstas de color metálico oscuro.
Al final del pasillo, una ventana, con lo que desde su posición, y visión aún semi borrosa, parecían barrotes en ella.

Xylt, caminó curioso hacia ella, en lo que se le hizo un paseo infinito por el extraño lugar. Y al fin, llegó.


Agarró los barrotes con sus manos, y pudo notar el calor que emitían. Era cómodo... y le gustaba. No quería soltarlos.
A través de la ventana, pudo ver algo verde, inmenso y brillante... que no conocía. Pero era hermoso.

- ¿Qué es...? - susurró en voz baja hacia los barrotes - ¿Sabéis lo que es?

No hubo respuesta alguna. Sorprendente.

El señor Xylt, simplemente se mantuvo allí, en pie, mirando a través de los barrotes sin soltarlos un solo segundo, completamente anonadado. Sin estar preocupado, por no comprender nada.

- Gracias por ésta sensación... - masculló de nuevo al frío metal.

Miró serio entonces a “Aquellos” a quien hablaba, las barras, y con voz firme preguntó.

- ¿Puedo hacer algo yo por vosotros?


miércoles, 16 de noviembre de 2011

Prólogo.


INFORME DE DATA BASE: SECCIÓN "EYE".

Día: 19 de Junio. Año 2014.

Hora: 05:45:0254 am.

Plaza de Castilla, Madrid. España.

Detectada actividad “...” en la zona central de la ciudad: Madrid. País: España. A las 05:45:0256 am.

Magnitud: Alta. Nivel indeterminado por falta de controladores aptos para su escaneo.
Procedimiento Delta: Detección y Control.

Activado radar de movimiento. Encontrados 54 humanos en un radio de 80 metros alrededor del punto de emisión de “...”.
Activadas cámaras de Seguridad posicionadas en la Zona.
Detectado movimiento en la azotea de las Torres Kyo, Torre B. 
Coordenadas: 40°27′59″N 3°41′16″O.

Activadas cámaras de Seguridad de la zona y Micrófonos ocultos. 

DETECTADO OBJETIVO DOBLE. 

Reconocimiento facial exitoso.

- OBJETIVO RECONOCIDO: Sujeto A-002.

Reconocimiento facial fallido.

- SEGUNDO OBJETIVO NO RECONOCIDO.


Procedimiento Beta de prioridad Máxima: Detección, Control y Retención.


Sonido detectado, codificado y procesado:


" - ¿Dónde está?
- Sé que te dije que éste sería el día, pero-
- ¿Dónde la tienen?
- No vas a poder sacarla de allí (irreconocible).
- ¡¿Dónde?!
- Escucha. Por mucho que me grites nada va a cambiar. No vas a poder sacarla de allí, porque- ella no quiere salir. Nada retiene a (irreconocible) desde hace 6 meses.
- ¿Qué?
- Se ha- puesto de su parte. Es una de sus mejores adquisiciones ahora mismo, no van a dejar que te la lleves y tampoco va a volver por su propio pie. Tú no la has visto, créeme, está- cambiada.
- Le han hecho algo.
- No lo sé (irreconocible). Quizá, pero no puedo saberlo. La única verdad es que no va a regresar. Lo siento (irreconocible).
- Entonces tendré que ir a por ella (irreconocible)
- ¿Pero es que no me has escuchado? ¡Es imposible que la saques de allí! Y aunque consiguieses encontrarla, no podrías traerla. Ella no quiere regresar. ¿No lo entiendes?
- Eres tú el que no lo entiende. Ella regresará. Lo sé. Regresará conmigo.
(irreconocible)
- Adiós (irreconocible).
-¡No se te ocurra-! "


Fin del Sonido.


Se adjunta vídeo de las cámaras de seguridad de 00:03:25:0852 de duración y Sonido de 00:01:29:0739.

Perdido contacto y visualización de objetivos. Imposible la Retención. Imposible el Control.


Procedimiento Beta abortado.

FIN DEL INFORME.



jueves, 20 de octubre de 2011

"Bienvenido al mundo, Señor Xylt."


“Bienvenido al Mundo, señor Xylt”

Una incubadora, de dos metros de largo y uno de ancho, grisácea, comienza a rotar de modo que queda a 90º del suelo sobre el que se encuentra. La voz, robótica, hace las veces de guía ante un “algo” que se encuentra dentro de dicha, y una vez el aparato queda completamente estático, se abre.

“No tenga miedo de los operarios, están aquí para ayudarle”

Dos hombres de traje blanco impoluto se acercan a la extraña incubadora, y con máscaras amarillas chillonas extienden sus manos hasta el aparato, donde sujetan por los brazos a lo que parece un hombre. Pálido, demacrado y con un rostro completamente perdido, pero hermoso y joven, a pesar de todo.

Al tocarle la piel, directamente, uno de los dos operarios aparta las manos a toda velocidad, sintiéndole exageradamente... frío.

    - ¿Dónde estoy? -Pregunta el nuevo Ser.
    - En el Mundo, señor Xylt. -Responde el operario que se encuentra más calmado, pareciendo llevar bien la situación.
    - Y eso... ¿Dónde está?
El hombre de blanco izquierdo mira al derecho, haciendo una mueca con los labios, que son invisibles a través de su amarilla máscara. No saben qué contestarle.

Con algo de ayuda, el señor Xylt poco a poco sale por completo de la incubadora, y camina hacia el frente, tembloroso.

    - ¿Qué es ésto...? -Pregunta el Ser, consternado con los ojos exageradamente entornados. Parece asiático, siendo occidental.
    - Es la Luz, señor Xylt. Le hace daño en los ojos. - contesta un operario.
    - No me gusta.
Elevando la mano, y llevándola hasta su frente, consigue que la luz no le incida directamente y así puede mirar a su alrededor, sin comprender nada.

Pasan los minutos, y los operarios conducen al hombre a una sala oscura, cerrada, con el suelo y las paredes completamente acolchados, sin luz alguna. Dentro, le sueltan dejándole reposar contra una esquina, y salen del lugar cerrando la puerta tras de sí, sin mediar palabra, y con la mirada de Xylt clavada en sus nucas, girando el rostro como un gato atontado. El operario que antes estuviese a la izquierda, el más inexperto, vuelve a fruncir los labios y le mira a través del cristal de ojo de pez que tiene la puerta, una vez ésta está cerrada. Parece contrariado, o quizá triste... El hombre no puede saberlo.

Pasan las horas, y las horas, y nada ocurre en aquel frío lugar, donde ni un sonido acompaña al momento. El hombre comienza a tener hambre, y sed, pero no sabe lo que eso significa, porque simplemente, no sabe apenas nada.
En el transcurso del tiempo, y la ausencia, el señor Xylt no se mueve de su sitio, contraído sobre sí mismo por el frío.

Sin embargo, el silencio repentinamente es roto.

    - Al menos, he conseguido librarme de esa tal “Luz”.

viernes, 7 de octubre de 2011

Lo último que se pierde.


Mientras los sonidos huecos y el retumbar de las paredes a mi alrededor hacían que todo mi ser se estremeciese, el suelo vibraba como si un terremoto inmenso estuviese teniendo lugar.
Los pedacitos de cristales de las ventanas que habían estallado caían a una velocidad tan rápida que los reflejos de la luz sobre ellos me cegaban.
Y taparme los oídos no parecía servir de nada.

Ocurrió entonces, aquel retumbar mucho más fuerte que los anteriores... Y dejé de oír.
Al volver el sonido, un pitido extremadamente agudo y molesto inundó mi mente, y cerrando los ojos instantáneamente grité con tanta potencia como mis pulmones me lo permitían, hasta quedarme sin aire. El agotamiento pudo conmigo, y me dejé caer al suelo con las rodillas dobladas ante mi pecho, en un estúpido intento por protegerme a mí mismo de lo que se me venía encima.
Si hubiese tenido la mente un poco más clara, me habría dado cuenta de que algo raro sucedía a mi alrededor, que no era nada normal.

¿Qué estaba ocurriendo? No era capaz de comprenderlo. Lo único seguro, era que nos estaban bombardeando. Pero... ¿Por qué? ¿Desde cuándo estábamos en guerra?

Abrí los ojos lentamente y pude ver una luz roja entrar por mi ventana. Como en un sueño, me puse en pié para poder ver qué es lo que sucedía, y me aterroricé al comprobar que una nube de fuego se extendía a lo largo y ancho de la ciudad, rápida pero a la vez lentamente, como visto en una película de acción.
Me sujeté al marco de la ventana, atónito, justo a tiempo de sentir como la onda expansiva ejercía su fuerza contra mi, lanzándome contra la pared trasera de la habitación, y arrebatándome dos lágrimas de los ojos que se evaporaron por el fuego en un breve instante.

Y entonces, desperté.

Bañado en sudor abrí los ojos encontrándome con el azul cielo, sintiendo el entumecimiento de mi cuerpo entero, y sonreí al sentirme aliviado de no estar en aquel sueño frustrado. Las cosquillas en mi rostro por el despertar hacían parte del trabajo en mi momentánea felicidad, y el corazón se calmaba cada vez más, y más, y más...
Se estaba deteniendo.
Asustado, giré la cabeza hacia uno de mis lados, y comprobé que las cosquillas eran de las lágrimas previas que al parecer sí había derramado. ¿El sueño era real? No...
A mi alrededor, parecía haber veintenas de casquillos de bala amontonados, y yo, sorprendido, intenté mover los brazos sobre mi costado para poder palparme el corazón sediento de vida, cuando un viscoso líquido detuvo mis manos en mitad del camino. Bajé la mirada, y descubrí sangre. Al menos dos agujeros yacían en mi pecho, dejando clara seña de ello en mi camisa marrón arrugada y vieja, y seguramente algunos más allá donde no llegaba mi vista.
¿Qué estaba... pasando?

Algo me tapó la luz. Giré la cabeza.

“¿Quién eres...?” Pregunté a la sombra que me acosaba, que parecía lo más oscuro que mis ojos habían visto jamás.

“Sigue corriendo...” Susurró claramente con voz calmada, alzó las manos en mi dirección... Y me disparó entre los ojos.

Y, de nuevo, desperté.

¿Qué narices estaba pasando? Mi corazón palpitaba desesperado, pero parecía normal. Rápidamente abrí los ojos y comprobé que el techo de mi cuarto me amparaba. Bajé los brazos hasta mi pecho, y lo encontré todo el orden. Me incorporé y miré a mi alrededor... estaba igual a como lo recordaba.

Suspirando, me levanté de la cama y me dirigí hacia la puerta para ir hasta el baño y lavarme con agua fría. No llegaría a ver siquiera el pasillo, pues al otro lado del marco, solo había penumbras.

Se extendía ante mi una sala que parecía infinita, oscuramente gris y en la lejanía negra, con un puente en su centro que nacía en mi puerta hasta el frente de color púrpura oscuro, que me traía a la mente sensaciones completamente desagradables.

“Sigue corriendo...” Escuché entonces a mi espalda.

De un salto, eché a correr por el pasillo hacia el frente tan rápido como mis piernas lo permitían, sin llegar a poder atisbar el final. ¡¿Qué narices ocurría?!

Ni el tiempo mismo podría decirme cuánto estuve corriendo, pero no detuve mis pasos aun sintiendo que mi cuerpo ardía y gritaba de dolor. El sudor bañaba mi cuerpo entero, mientras los ojos de aquella sombra se clavaban en mi nuca, lista para atacar, esperando... siempre esperando.

Y mirando al infinito del gris abismo, lo entendí. Y me rendí.

Detuve mis pasos en seco, y giré sobre mí mismo para poder mirar a los ojos de la sombra, decidido.

Porque por mucho que hubiese seguido corriendo, nunca habría podido escapar.

No se puede huir de la Muerte.

Alzando los brazos lentamente, vi como la sombra dejó de correr. Con una sonrisa extendiéndose por mi rostro vi como ella me imitaba, cual espejo, y levantaba los suyos con presteza y cariño. Despacio, caminé hacia el frente, y cerrando los ojos... La abracé. Y a pesar de mi aceptación, de mi rendición y mi paz, mis últimos pensamientos crearon juntos una misma oración:

“¿Despertaré... de nuevo?”

La Esperanza.
Gracias a Felipe por desatascarme en el momento justo. 

Y, sobretodo, gracias a Eric por sacarme de mis auto-bombardeos. Gracias por ser mi esperanza.