domingo, 23 de septiembre de 2012

Fisura. Huida. La nueva vida.



"Húmedo y oscuro en la cueva refugiado
aquel hombre exhausto, de la tormenta.
Gran sorpresa al encontrar una bestia con él,
la más temible, mortal y fiera.
El ser cuyo aire es fuego, y ácido sus entrañas
pacía relajado y sumiso encogido entre sus alas.
Véase el último Dragón por el hombre, acogido
cuando, bajo los truenos, entre sus brazos lo había protegido."


No recordaba cómo eran las cosas fuera del recinto de la fortaleza. Había vivido en aquella ciudad rodeada de murallas toda su vida, y apenas podía ver el sol a través de los altos muros, o sentir la brisa si no subía a sentarse en el tejado de su casa. Contaban con que no fuese una chica destacable en el lugar, pero se conformaban con que no diese problemas, pues era callada y siempre cumplía con su labor, que era la de limpiar todo lo que se le ordenase dentro del castillo, como tantas otras chicas jóvenes. Al parecer, al señor le parecía que los dedos finos eran buenos para tratas las cosas delicadas, y por eso no contaba con varones o mujeres mayores de cierta edad para el cuidado de su edificio principal.

Su pelo castaño y revuelto saltaba tras ella mientras corría dentro de su casa, alentada por os consejos de su abuela.

  • ¡Llegas tarde de nuevo Ahynara!
  • Lo sé abuela, perdona – Dijo la joven mientras saltaba para pasarse el vestido por la cabeza.- Ha sido por culpa de ese grillo otra vez...
  • ¡No le eches la culpa a los insectos de tus despistes! - replicó la mujer con gesto serio, mientras ataba los lazos de la espalda de la muchacha – Ahora ve, compórtate y haz tus labores. No te quedan muchos años dentro del castillo, tus manos empiezan a ser de adulta, y debes aprovechar al máximo éstos momentos. Echarás de menos limpiar las...
  • “Limpiar las porquerías de los señoritos” Sí abuela, lo se – Contestó la joven – No te preocupes, me comportaré.

La muchacha besó en la frente a su abuela, arrugada por la edad y los percances de su vida, y salió corriendo de la casa hasta el castillo. Su pelo castaño, enmarañado, saltaba tras ella a cada brinco y cada movimiento, mientras la gente se apartaba al verla tan atareada. El señor nunca permitía las tardanzas. Pero grata fue su sorpresa, al ver que la guardia estaba esa mañana reducida. ¡El señor había salido! Suerte para ella.
Entró dentro del edificio, tan imponente, tan grande y acongojante... Había sido construido con mucho cariño, pero regido con mucho miedo, y aquello era un virus que se había extendido a lo largo de toda la pequeña ciudad. Ya nadie salía a pasear por fuera de sus muros, pues el señor no lo permitía. Ya nadie hablaba siquiera de ello, desde hacía mucho tiempo...

Ahynara bajó a la sala de la cocina, donde se guardaban los aparatos para la limpieza, y recogió sus enseres. Así, comenzó a limpiar el castillo, sala por sala, silla por silla, cama por cama, como hasta entonces llevaba años haciendo. En cada ventana, en cada rincón, fijaba su mirada y soñaba con que había sitios mejores, más bellos y cálidos.
Se dio prisa por terminar, pues quería llegar a ella, a su sala favorita: La sala del trono.
Al entrar, un ventanal gigantesco de vivos colores la esperaba a contraluz. En él había grabadas las figuras de tres inmensos seres alados que, sentados sobre los muros de la ciudad, la protegían con garras, dientes y fuego: Los dragones.
No pasó mucho tiempo mirándolo, pues ya la conocía de sobra, antes de pasar su vista a otro lugar en la sala que atraía muchísimo más su atención. Una mesita decorada con dorados detalles y lágrimas de diamante, cuyas patas estaban diseñadas a modo de garras de dragón cerradas, y coronada con una preciosa cúpula de cristal que reflejaba las luces de colores del ventanal tras ella. En su interior, el único huevo de dragón que Ahynara había visto en toda su vida. Era verde esmeralda, como sus ojos y los de su abuela, como la hierba que a duras penas se veía en la ciudadela, y seguro al tacto sería duro como una piedra. Decían que los cascarones podían valer muchísimo oro, mucho más que incluso las escamas de los dragones, pues eran el material más duro que existía en el mundo.
Con cuidado, ella se acercó a mirarlo con detenimiento, y puso una mano sobre el cristal. Quién pudiese tocarlo, pensó, y descubrir todas las maravillas que las voces hablan sobre él. ¿Sería un huevo de dragón de verdad, y no una falsa reliquia? Hacía eones que no había dragones en la Fortaleza, no de los buenos, al menos. Los pocos que existían aún, asolaban las tierras en busca de destrucción y diversión. Por eso vivían allí, confinados, protegidos bajo una cúpula prácticamente invisible gracias a la cual los dragones no eran capaces de encontrarles.

Ahynara suspiró desolada, y se encaminó hacia el ventanal para limpiarlo con cuidado, admirando cada detalle de esos seres tan increíblemente honorables, y sus posturas protegiendo la ciudad. Eran tan inmensos...
Dispuesta a salir de la sala, vio algo entonces que le obligó a retroceder. Una mancha en el cristal de la mesilla donde se encontraba el huevo. ¿La había hecho ella al poner su mano? Se encaminó allí, dispuesta a limpiarla. Se inclinó, posó la mano con aquel trozo de tela viejo sobre él y comenzó a frotar sin forzar demasiado el cristal. Y entonces, se cayó de frente.

Un gran estruendo produjo con su caída y la de la mesilla de oro y diamantes sobre el suelo de la inmensa sala, que de seguro habría alertado a alguien. A duras penas, Ahynara se apoyó sobre sus manos y miró hacia la mesita ¿Qué había pasado? Atónita, pudo ver entonces como el cristal de ésta había desaparecido, y como el huevo rodaba por la sala en dirección al balcón. Impulsada por el rayo, la muchacha salió corriendo pisándose el vestido un par de veces para lanzarse sobre el huevo, impidiendo por pocos metros que cayese al vacío y se partiese en mil pedazos. Aunque si era tan duro como decían... ¡No había tiempo que perder pensando en tonterías!
Corrió hacia la mesita, y la colocó de nuevo en su lugar, para así poner el huevo sobre su pequeño pedestal con sumo cuidado. Su tacto era cálido y sorprendentemente suave... Buscó el cristal que lo protegía, pero no lo encontró. ¿Cómo era eso posible? ¿Dónde había caído? Comenzaba a desesperarse, dando tumbos por la sala en busca de algo que le parecía imposible desapareciese. Pero al fin y al cabo, al caer la mesita no había escuchado ruidos de cristales rotos.

Tras buscar unos segundos más, supo que estaba perdida. El señor jamás perdonaría aquello, y la relegaría a tareas más pesadas como el arado de los campos, o incluso la minería. No quería ir a las minas, odiaba estar encerrada, y entre unas paredes tan estrechas hasta se desmayaría, no podía permitir aquello...
Pero todo tornó de gris oscuro a negro azabache, al ver Ahynara algo que no había visto hasta ahora. Una grieta en el huevo.
Corrió hacia éste para tocarlo y verificar lo que creía haber visto, y no hubo duda alguna, el huevo se había roto. Se llevó las manos a la cabeza y cayó de rodillas sobre el frío suelo de mármol. Estaba perdida, destrozada, ésto no la llevaría a trabajos forzados sino a un castigo mayor, mucho mayor, tal vez incluso a la horca, o quizá algo peor. Una lágrima silenciosa de pavor e impotencia cayó por su rostro, cuando unos pasos comenzaron a resonar por el pasillo principal en dirección a la sala del trono, y no fue ella la que actuó, sino sus instintos sin considerar las consecuencias. Cogió el huevo, lo metió bajo la tela vieja que usaba para limpiar con cuidado de no tocar el lado rajado, y corrió por las escaleras laterales de la sala hasta llegar de nuevo a las cocinas. Cada paso se le hacía eterno, cada respiración dolorosa, y su carrera fue tan rápida que sus músculos ardían desesperados sin que ella les hiciese el más mínimo caso. Corrió y corrió directa a su casa, el único lugar donde, a pesar de todo, podía sentirse segura.

Una vez dentro, cerró la puerta fuertemente con su cuerpo.

  • ¿Tan pronto has terminado hija? - recitó la abuela tranquila, sabiendo que nadie entraba en su casa a no ser su nieta. No porque no quisiesen, sino porque no podían.- Creí que al ser víspera de la fiesta mayor tendrías algo más de trabajo.
  • Abuela...– Ahynara, caminó hacia ella con los ojos anegados en lágrimas y la respiración completamente agitada.
  • Niña ¿Qué tienes? ¿Qué ha ocurrido? - preguntó asustada, sujetando las mejillas de su nieta.
  • He hecho algo... Algo horrible...
  • Cuéntame Ahy, qué ocurre. - Abrazó a la joven intentando calmarla, sosegando su voz.

La muchacha le contó lo ocurrido, entre llantos y temblores, mientras en la calle comenzaban a alzarse voces que ambas desconocían pero sentían como peligrosas. El gentío se revolvía, y ahora la abuela podía saber el por qué.
Con sus ojos pudo ver al fin el huevo, su belleza infinita, y su fisura perfecta, que ahora Ahynara juraría había crecido aun más de tamaño.
Ante toda la historia, su abuela no pudo más que mirarla, acariciarle de nuevo las mejillas, para luego ponerse seria repentinamente y comenzar a moverse rápido por la casa.

  • No puedes quedarte aquí – Sentenció mientras recogía una sábana a modo de hatillo y comenzaba a llenarla de mudas limpias y comida, aun si poca, suficiente para llevar poco peso.- Te matarán en cuanto sepan que fuiste tu la que robaste el huevo.
  • Lo siento, no sabía qué hacer, no...
  • Tranquila cariño – le cortó la anciana mientras le ponía uno de los abrigos que usaban para el invierno sobre los hombros – No tenías elección.

Una vez estuvo todo listo, esperaron hasta el anochecer, sin hacer apenas ruido. Aby, la abuela, se limitó a abrazar a su nieta mientras ésta permanecía en un estado de Shock constante en el que no podía soltar al huevo destrozado que había entre sus manos.
Al caer el sol al otro lado de los muros Aby se puso una capa negra sobre los hombros y se tapó el rostro con ella, para salir por la puerta de la casa tirando de la muñeca de su nieta, que iba ataviada del mismo modo pero más cargada. El huevo aún permanecía bajo la vieja tela arrugada, protegido entre sus brazos.

Ahynara simplemente se dejó llevar como si se encontrase dentro de un sueño, mientras a su alrededor los ciudadanos se arremolinaban pegando gritos y sosteniendo antorchas, buscando algo que parecían tener todos muchas ganas de encontrar. ¿Habrían ofrecido algo por ella? ¿Tesoros, tal vez...?
Sin darse apenas cuenta, habían llegado a las inmediaciones de la mina más apartada de los muros, abandonada hacía ya muchos años por la escasez de minerales que allí se encontraban y el peligro de derrumbamiento al haber encontrado un manantial subterráneo.

  • Espérame aquí – susurró Aby mientras se alejaba de la muchacha y se aproximaba a una casa cercana, tocando la puerta de ésta.

Alguien salió del edificio, un joven de oscuros cabellos que Ahynara conocía bien, pues era el padre de Mina, una niña pequeña con la que solía jugar cuando no tenía trabajo en los alrededores de palacio. Su gesto delató el terror momentáneo que pareció sentir, justo antes de desaparecer dentro de su casa para de nuevo retornar con un abrigo de tela gruesa y una antorcha sin encender.
Ambos entonces se encaminaron de nuevo a la muchacha, que de lejos, les había estado observando.
  • Pequeña, Marcos te llevará a la salida – susurró Aby mientras ajustaba la capucha de la muchacha. - Hazle caso en todo momento, sin rechistar.
  • Pero abuela... - Intentó replicar la muchacha, pero su abuela la acalló con un fuerte abrazo.
  • Estaré bien siempre que tu lo estés. - musitó con pesar en sus palabras y la voz temblorosa.
  • Hay que marcharse, la guardia ya ha salido. - El joven castaño encendió la antorcha conforme ellas se despedían oteando entre los edificios y dijo para sí mismo- Gharold ya debe haber vuelto.

Marcos señaló hacia las minas con un brazo y se apartó un lado para dejar paso a Ahynara, mientras, mientras con el otro sostenía la antorcha en alto.
Aby empujó a su nieta dentro de la montaña, y no permitió que ésta se demorase ni un segundo más, apremiándola con la mirada.
  • Corre – dijo únicamente, mientras caminaba de espaldas hacia la ciudadela.

Ahynara no tuvo palabras más allá de las lágrimas que de nuevo se agolpaban en su garganta, y solo pudo reaccionar finalmente cuando Marcos la empujó con algo de fuerza para que avanzase por el estrecho pasillo oscuro y húmedo, mientras miraba atrás una y otra vez, preocupado.

  • ¡Vamos! - Apremió a la muchacha, firme.

Aquel sería el último día que Ahynara pudiese pasar en la compañía de los amigos y vecinos dela ciudadela. El último momento en que podría poner sus pies sobre algo a lo que pudiese llamar “Hogar”.
Ese sería el momento en el que, quisiese o no, su vida pasaría a ser regida por un destino que se había labrado ella misma, pero que jamás había querido.
Y fue justo antes de conseguir ver la luz de la luna imperecedera al otro lado del muro, cuando se dio cuenta, de que hasta entonces nunca había comenzado a vivir realmente su vida.

jueves, 10 de mayo de 2012

Los re-vengadores


CAPÍTULO UNO: EL JUICIO DE LOKI.


El mal había cesado, hace tiempo.

Las cosas, iban bien. Tan bien que volvieron a su rutina común. Loki había cesado de sus maldades, los Vengadores habían cumplido con su cometido y la Tierra volvió a su normalidad. A pesar de tener que gastarse millones de dólares en reparaciones que sus mismos salvadores habían causado, claro, y de gracias a ello crear una crisis mundial, pero todo iba bien.

En Asgard, las cosas sin embargo, parecen removerse con inseguridad.

Loki, el oscuro, sufre un juicio por crear el caos en el universo, en el que se decidirá su destino, como Dios, como hombre, y como participante en un Casting para fijadores de pelo.

- Preside la sala, su señoría el gran Thor, Dios del trueno.
- Paso, paso... paso, señoritas, dejen paso. Sí, se que es digno de admirar, y lo mantengo con esfuerzo día a día, pero tengo que presidir un juicio, mi cabello requiere sacrificios, paso.

Con gran pesar, Thor subido a su trono mira con dolor a su hermano frente a él.

- Realmente, no se qué hacer contigo, hermano.
- Puedo darte ideas si quieres – comentó, sagaz, Loki – Puedes dejarme el trono a mi, nombrarme ganador del premio Panten y geles fijadores Yioryi, y después dejarme libre. ¿Qué te parece?
- Silencia, pícara serpiente - elevó su brazo don desdén - No caeré fácilmente en tus sucias y complicadísimas tretas. No otra vez. El premio me pertenece.

Thor se tapó los oídos con rapidez, sabiendo que su hermano tenía un gran poder de incitación y una maldad intrínsecas capaces de engañar al mismísimo Odín. Pronto, toda la sala pudo escuchar los pequeños ruidos de “la la la” que Thor hacía. Tiempo después, en una rueda de prensa, admitiría que aquello lo hizo porque “Es un antiguo rito sagrado que los humanos no podríais comprender”. Nunca sabremos bien lo que pretendería hacer, con certeza.
- Padre dice que debo encerrarte para que no vuelvas a hacer lo mismo otra vez, pero yo creo que tengo un castigo mejor para ti.
- Cómo no, desobedeciendo órdenes de Padre.
- ¿Cómo has dicho?
- Que desobedec...
- La-la-la-la... no te oigo Loki – de nuevo se tapa los oídos con desdén.
- Niñato...
- ¡COMO DECÍA! – Sin apartar las manos de sus oídos, prosiguió, pero a un volumen exacerbado debido a su sordera momentánea – TENGO UN CASTIGO MUCHO MEJOR, QUE TE SONARÁ DE ALGO.
- Sorpréndeme, lumbreras.
- ¡Silencia! - Se apartó las manos para apuntarle con el dedo - Bien... Serás desterrado al reino de la Tierra, donde vivirás entre los humanos como si fueses uno más de ellos. Sin poderes, sin comida y sin agua, te dejaremos en una isla desierta donde semanalmente tendrás que acudir a una cabaña para contar cómo es tu experiencia y también para votar a qué compañero tuyo expulsar de la isla.
- … ¿De qué narices estás hablando?
- ¡Silencia he dicho! A la isla no irás solo. Te acompañará el grupo de Vengadores, unido a un par de extras más, como pago por la destrucción causada al planeta. Stark se negó a pagar los daños, aun teniendo su increíble fortuna, y como tal debemos devolverla de la forma que se nos exige, con un... un... programa de visión.
- ¿Un programa de televisión?
- ¡Silen-! Si, puede que sea eso.
- ¿Me destierras para hacer un programa de televisión?
- Si, me parece un castigo correcto, y no tienes derecho a quejarte.
- No, si no me voy a quej...
- ¡Sil- ! Vale, me parece bien. Partiremos mañana, al alba.

Y así, el juicio dio a su fin.


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Comentarios de autor:

Ésta es una nueva historia que he decidido llevar a cabo. La idea inicial, era hacerle un regalo a mi querido novio por su 22 cumpleaños, pero puestos a ello, os dejo la historia por aquí, que espero guste. ¡Que lo disfrutéis, los que lo aguantéis!

viernes, 16 de marzo de 2012

“Buenos días, señor Xylt” (III)

Mirror of Soul by ~rypser17


“Buenos días, señor Xylt”

-
¡Buenos días! - contestó Xylt, animado.


Aquella voz amiga, aquella compañera, ya se había convertido en parte de él mismo, y como tal debía corresponderla.

En sólo dos días, había aprendido tanto pero comprendido tan poco, que la emoción contenida de saber más podía con él.

“Póngase en pie, y pulse el botón naranja que encontrará a su izquierda. Si ha olvidado como pulsar, recuerde: Extienda su dedo índice, y con él, toque el botón.”

El señor Xylt se incorporó con eficacia, pues ya había aprendido a controlar los movimientos de sus piernas con mediana fluidez, y giró sus ojos hasta el supuesto botón. Y allí estaba, brillante, notorio y... ¿Naranja? ¿Así había dicho que se llamaba? ¿Pero a qué se refería con “Naranja?”

Con detenimiento, levantó la mano derecha, y extendió el dedo índice apuntando hacia el botón. Tuvo cuidado, mucho cuidado, y al fin... Lo pulsó.

Al pulsar el botón, la pared se movió. Asustado, Xylt saltó hacia atrás y se tapó el rostro con las manos, mientras el botón hacía su trabajo.

La pared giraba, o eso parecía, y al poco tiempo dejó de hacerlo.

Xylt se apartó las manos de la cara cuando, pasados unos minutos, sintió que nada le dolía.


“No tema nada, señor Xylt, está usted a salvo. Mire al frente.”

Y miró al frente.

Sin saber qué era, se enfrentó a su propio reflejo en un espejo luminoso, que le miraba con fijeza.

- Oh, tú debes ser Naranja. Encantado de conocerte, amigo.

Con educación sonrió, y comprobó que el señor Naranja hacía lo mismo que él. ¡Qué amable era! ¿Sería su nuevo compañero? Fuera como fuese, le parecía alguien agradable.

Permaneció en el lugar, esperando que Naranja entablase conversación con él, pero no lo hacía. Alzó una ceja, extrañado, y comprobó con sorpresa como él también lo hacía. ¿Acaso pensaban lo mismo? Tal vez no pudiese escucharle, quizá... Tal vez...

Decidió probar algo. Pensó rápidamente en un número. El tres.

Alzó su mano lentamente en forma de puño, y, de golpe, alzó tres dedos.

El señor Xylt, asombrado pudo ver como el señor Naranja alzaba tres dedos exactos a los suyos, y al mismo tiempo.

Se asombró, se asombró tanto que abrió la boca, y pudo ver como Naranja también lo hacía. Movió una pierna, mientras él le imitaba. Giró rápido su cuello, y él también lo hizo.

El señor Xylt, se asustó, y por tanto comenzó a caminar hacia atrás, apartándose del peligro. El señor Naranja, también lo hizo. Y se asustó aún más.

“No se preocupe, señor Xylt, está usted a salvo. Relájese.”


Un pinchazo notó el señor Xylt en su cuello, y se retorció veloz del dolor.

Miró al señor Naranja una vez más, que ante él, caía al suelo lentamente entre las sombras... Tal y como él lo hacía.

martes, 13 de marzo de 2012

Porque lo mereces.

Y la magia, un día acabó.

El cielo se tornó gris, cuando mediante palabras quedamos separados. Tan juntos, el uno parte del otro, las manos unidas... Y de repente tan lejos, solo por tres palabras intercambiadas.
En menos de cinco segundos, éramos un par de desconocidos que se encontraban incómodos al lado del otro.
En menos de diez segundos, nuestras manos se separaron, y sentí como si el hielo me quemase, y mi alma pidiese a gritos que aferrase sus dedos de nuevo entre los míos.
En menos de veinte segundos, mi corazón se estaba partiendo con tanta fuerza que me inclinaba sobre mí misma, buscando un punto de apoyo que no existía. ¿Por qué nunca había sentido tener algo ahí, tan dentro?
En menos de treinta segundos, ya de puro silencio, descubrí que el increíble dolor que me acordonaba el estómago se convertía en lágrimas que caían por mis mejillas, silenciosas. Y esa fue mi forma de decirlo todo antes de verle por última vez, como lo que un día fue.

Los días pasaron, y pasaron... Y pasaron. El dormir cada noche se hacía prácticamente imposible, pero al conseguirlo la paz te abrazaba durante un par de segundos, para luego amenazarte con una nueva pesadilla, privándote de la nueva escasa felicidad que tenías.
El despertar cada mañana era un infierno, pues lo primero que tu cuerpo reclamaba era girarse hacia un lado, el de siempre, y abrazarle por la cintura. Qué triste el abrazar a la nada, una vez más.
Y el caminar de cada momento, arrastrando los pies, sin rumbo fijo.
Servirse la leche del desayuno era algo mecánico y horrible, que hacía sin ningún objetivo, para después dejar el vaso sobre la mesa, entero, y marcharme a la ducha, donde las horas pasaban mucho más lentas.

El único descanso que encontraba estaba allí dentro, entre los ríos de agua que escondían mis lágrimas, donde podía casi gritar a pulmón vivo sin que nadie me dijese nada. Mis rodillas tocaban el frío y húmedo suelo mientras dejaba que cuerpo entero se empapase, daba igual si el agua estaba fría o caliente, pero siempre tenía que estar o muy fría, o muy caliente. Que doliese.

Al salir, deseaba ser otra persona. Deseaba transformarme, ser una piedra, una montaña, no sentir nada.

Los recuerdos cada vez que parecían marcharse, volvían con mucha más fuerza que antes. Cuando al fin creía que todo había pasado, llegaba uno de esos días en los que todo parece renacer, y duele como nunca. Perdí la cuenta de los días que me quedaba en la cama agazapada, ignorando toda realidad, en el gris de mi vida.

Y a pesar de todo, no me arrepentía como debería haberlo hecho, pues sabía que era lo correcto.

Poco a poco mi alma parecía haberlo entendido, y decidió despertar, rehacerse de nuevo.

Despacio, sin prisa, encontré que en mi corazón quedaban algo más que escombros escondidos, y decidí indagar en él.

Una luz pareció asomar en mi interior cuando asomaron los rostros de aquellos que no habían desaparecido de mi lado. Aquellos a quienes, durante unos meses, mi mente había olvidado... Y sus risas me hicieron despertar. Sus risas me hicieron revivir, lentamente. Mi propia risa.

Puede que mi corazón estuviese quebrado, y que a día de hoy aún llore de vez en cuando, pero es en esos momentos, que cuando al fin desahogo mi alma, puedo sonreír por lo que tengo... Y por lo que tuve.

Al fin y al cabo, el pasado es lo que me conforma, y aunque la tristeza se haga conmigo, puede más la felicidad de recordar los buenos momentos e intentar borrar para siempre los malos. Ahora, puedo mirar su cara y sonreír. Ahora, puedo echarle de menos, no por lo que fue... sino por lo que fui yo a su lado. Por cómo me sentía en mí misma, que es lo único que no volverá.

Ahora, me recuerdo a mí misma:

De lo único que huyes, es de ti mismo. Abrázate, y descansa de una vez... porque lo mereces.

Para la Vic que un día fue, y que espero pueda regresar, aún sabiendo que ya no la espero.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

"Buenos días, señor Xylt" (II)


“Buenos días, señor Xylt”

La voz, le es familiar al sujeto. Es la misma que le había dado la bienvenida a aquel extraño lugar, ese al que habían llamado “Mundo” días atrás.

Sintió algo al escucharla, una mezcla entre reconocimiento, felicidad y simple curiosidad, que no supo descifrar. Ni siquiera sabía qué eran los sentimientos. Se llevó una mano al pecho y la cerró con fuerza, intentando agarrarlos entre sus dedos ¡Ojalá no fuesen tan difíciles de contener!

“Póngase en pie, y atraviese la puerta que frente a usted. Si ha olvidado cómo caminar, recuerde:
 primero un pie, después el otro”

Dió las gracias a aquel simple recordatorio, y, como iluminado, se puso en pie y caminó hacia la puerta, por la que una leve luz entraba a través de una rendija abierta.

- Tú de nuevo... - Susurró al pequeño rayo, oportuno.

Sabía que sería molesto, pero atravesó la puerta poco a poco, intentando acostumbrarse al dolor, con una mano sobre su rostro.
Al fin, lo consiguió, y pudo ver lo que a través de la puerta había. No era la sala de la que había venido, aquellos días atrás que apareciese en el Mundo.

“No tema nada señor Xylt, está usted a salvo. Camine hacia el frente”

El señor Xylt, algo cohibido, caminó hacia su frente y entró por completo en la sala. La puerta, se cerró tras él.

La sala, era más bien un pasillo: uno lleno de puertas. Al menos una veintena, a cada lado, paralelas entre sí. Las paredes eran blancas como la nieve (¿Nieve? ¿Conocía esa palabra?) y sólo los pomos de las puertas negros, con éstas de color metálico oscuro.
Al final del pasillo, una ventana, con lo que desde su posición, y visión aún semi borrosa, parecían barrotes en ella.

Xylt, caminó curioso hacia ella, en lo que se le hizo un paseo infinito por el extraño lugar. Y al fin, llegó.


Agarró los barrotes con sus manos, y pudo notar el calor que emitían. Era cómodo... y le gustaba. No quería soltarlos.
A través de la ventana, pudo ver algo verde, inmenso y brillante... que no conocía. Pero era hermoso.

- ¿Qué es...? - susurró en voz baja hacia los barrotes - ¿Sabéis lo que es?

No hubo respuesta alguna. Sorprendente.

El señor Xylt, simplemente se mantuvo allí, en pie, mirando a través de los barrotes sin soltarlos un solo segundo, completamente anonadado. Sin estar preocupado, por no comprender nada.

- Gracias por ésta sensación... - masculló de nuevo al frío metal.

Miró serio entonces a “Aquellos” a quien hablaba, las barras, y con voz firme preguntó.

- ¿Puedo hacer algo yo por vosotros?


miércoles, 16 de noviembre de 2011

Prólogo.


INFORME DE DATA BASE: SECCIÓN "EYE".

Día: 19 de Junio. Año 2014.

Hora: 05:45:0254 am.

Plaza de Castilla, Madrid. España.

Detectada actividad “...” en la zona central de la ciudad: Madrid. País: España. A las 05:45:0256 am.

Magnitud: Alta. Nivel indeterminado por falta de controladores aptos para su escaneo.
Procedimiento Delta: Detección y Control.

Activado radar de movimiento. Encontrados 54 humanos en un radio de 80 metros alrededor del punto de emisión de “...”.
Activadas cámaras de Seguridad posicionadas en la Zona.
Detectado movimiento en la azotea de las Torres Kyo, Torre B. 
Coordenadas: 40°27′59″N 3°41′16″O.

Activadas cámaras de Seguridad de la zona y Micrófonos ocultos. 

DETECTADO OBJETIVO DOBLE. 

Reconocimiento facial exitoso.

- OBJETIVO RECONOCIDO: Sujeto A-002.

Reconocimiento facial fallido.

- SEGUNDO OBJETIVO NO RECONOCIDO.


Procedimiento Beta de prioridad Máxima: Detección, Control y Retención.


Sonido detectado, codificado y procesado:


" - ¿Dónde está?
- Sé que te dije que éste sería el día, pero-
- ¿Dónde la tienen?
- No vas a poder sacarla de allí (irreconocible).
- ¡¿Dónde?!
- Escucha. Por mucho que me grites nada va a cambiar. No vas a poder sacarla de allí, porque- ella no quiere salir. Nada retiene a (irreconocible) desde hace 6 meses.
- ¿Qué?
- Se ha- puesto de su parte. Es una de sus mejores adquisiciones ahora mismo, no van a dejar que te la lleves y tampoco va a volver por su propio pie. Tú no la has visto, créeme, está- cambiada.
- Le han hecho algo.
- No lo sé (irreconocible). Quizá, pero no puedo saberlo. La única verdad es que no va a regresar. Lo siento (irreconocible).
- Entonces tendré que ir a por ella (irreconocible)
- ¿Pero es que no me has escuchado? ¡Es imposible que la saques de allí! Y aunque consiguieses encontrarla, no podrías traerla. Ella no quiere regresar. ¿No lo entiendes?
- Eres tú el que no lo entiende. Ella regresará. Lo sé. Regresará conmigo.
(irreconocible)
- Adiós (irreconocible).
-¡No se te ocurra-! "


Fin del Sonido.


Se adjunta vídeo de las cámaras de seguridad de 00:03:25:0852 de duración y Sonido de 00:01:29:0739.

Perdido contacto y visualización de objetivos. Imposible la Retención. Imposible el Control.


Procedimiento Beta abortado.

FIN DEL INFORME.



jueves, 20 de octubre de 2011

"Bienvenido al mundo, Señor Xylt."


“Bienvenido al Mundo, señor Xylt”

Una incubadora, de dos metros de largo y uno de ancho, grisácea, comienza a rotar de modo que queda a 90º del suelo sobre el que se encuentra. La voz, robótica, hace las veces de guía ante un “algo” que se encuentra dentro de dicha, y una vez el aparato queda completamente estático, se abre.

“No tenga miedo de los operarios, están aquí para ayudarle”

Dos hombres de traje blanco impoluto se acercan a la extraña incubadora, y con máscaras amarillas chillonas extienden sus manos hasta el aparato, donde sujetan por los brazos a lo que parece un hombre. Pálido, demacrado y con un rostro completamente perdido, pero hermoso y joven, a pesar de todo.

Al tocarle la piel, directamente, uno de los dos operarios aparta las manos a toda velocidad, sintiéndole exageradamente... frío.

    - ¿Dónde estoy? -Pregunta el nuevo Ser.
    - En el Mundo, señor Xylt. -Responde el operario que se encuentra más calmado, pareciendo llevar bien la situación.
    - Y eso... ¿Dónde está?
El hombre de blanco izquierdo mira al derecho, haciendo una mueca con los labios, que son invisibles a través de su amarilla máscara. No saben qué contestarle.

Con algo de ayuda, el señor Xylt poco a poco sale por completo de la incubadora, y camina hacia el frente, tembloroso.

    - ¿Qué es ésto...? -Pregunta el Ser, consternado con los ojos exageradamente entornados. Parece asiático, siendo occidental.
    - Es la Luz, señor Xylt. Le hace daño en los ojos. - contesta un operario.
    - No me gusta.
Elevando la mano, y llevándola hasta su frente, consigue que la luz no le incida directamente y así puede mirar a su alrededor, sin comprender nada.

Pasan los minutos, y los operarios conducen al hombre a una sala oscura, cerrada, con el suelo y las paredes completamente acolchados, sin luz alguna. Dentro, le sueltan dejándole reposar contra una esquina, y salen del lugar cerrando la puerta tras de sí, sin mediar palabra, y con la mirada de Xylt clavada en sus nucas, girando el rostro como un gato atontado. El operario que antes estuviese a la izquierda, el más inexperto, vuelve a fruncir los labios y le mira a través del cristal de ojo de pez que tiene la puerta, una vez ésta está cerrada. Parece contrariado, o quizá triste... El hombre no puede saberlo.

Pasan las horas, y las horas, y nada ocurre en aquel frío lugar, donde ni un sonido acompaña al momento. El hombre comienza a tener hambre, y sed, pero no sabe lo que eso significa, porque simplemente, no sabe apenas nada.
En el transcurso del tiempo, y la ausencia, el señor Xylt no se mueve de su sitio, contraído sobre sí mismo por el frío.

Sin embargo, el silencio repentinamente es roto.

    - Al menos, he conseguido librarme de esa tal “Luz”.